Formando pastores al estilo de Jesús

 

Historia de los Seminarios en Sonora 

Primer Seminario de Sonora (1838-1883)

La diócesis de Sonora fue erigida por la Bula “Inmensa Divinnae Pietatis Caritá” (Caridad Inmensa de la Divina Piedad) de Pío VI, el 7 de mayo de 1779 señalando como cabecera episcopal a la ciudad de Arizpe, y como titular a Nuestra Señora de Loreto y a San Juan Bautista.

Al ser erigida fue desmembrada de la diócesis de Durango y de Nueva Galicia de tal manera que el nuevo obispado comprendía las provincias de Sonora, Sinaloa y las Californias, y su Obispo debía residir en la sede de la Diócesis; pero las circunstancias especiales, su primer obispo Antonio de los Reyes tomó por residencia la ciudad de Álamos, Sonora, del 14 de mayo de 1783 hasta el 6 de marzo de 1787 fecha en que murió en esta misma ciudad.

Así mismo, la diócesis careció de Seminario por 59 años hasta que llegó Don José Lázaro de la Garza Ballesteros, el séptimo obispo de Sonora, consagrado el 8 de octubre de 1837. Su llegada a la diócesis, el 24 de enero de 1838, marca un nuevo hito en la vida de la región, pues de inmediato desplegó un arduo trabajo pastoral, como el mismo dice: “se que no fui llamado al descanso, sino a los trabajos; con este acontecimiento admito el obispado”. Ya antes de su llegada, el 30 de agosto de 1837, el señor obispo de la Garza y Ballesteros redactó las bases para el primer seminario de Sonora. Al día siguiente las mandó para su aprobación al C. Presidente de la República D. Anastasio Bustamante. Por documento del 27 de septiembre del mismo año, el Sr. Presidente otorgó su licencia y aprobó las bases generales de dicha institución.

El día 8 de octubre de 1838 se hizo la apertura solemne del seminario en la ciudad de Culiacán, con ocho alumnos ocupando una casa frente a la plaza de Armas. Cuatro años después estuvo terminado un nuevo y bello edificio, propio para el Seminario, a donde fue trasladado el 8 de octubre de 1842, fue en ese lugar donde el obispo residía la mayor parte de su tiempo, con el fin de proveer ayuda a sus necesidades.

También es de interés añadir que el Seminario de Sonora fue la primera escuela de educación superior para las vastas regiones del noroeste del país, el cual también admitía en sus aulas a jóvenes que no tuvieran las intenciones de hacerse sacerdotes, sino únicamente instruirse.

Para comprender la importancia de esta situación es necesario que el 6 de diciembre de 1839 el Seminario de Sonora fue incorporado a la Pontificia Universidad de México de tal manera que sus alumnos podían graduarse en Filosofía, Teología, Cánones y Leyes; además, su biblioteca, que comenzó con unos dos mil volúmenes, llegó a crecer tanto que llegó a ser considerada como 8una de las mejores de la República. Por lo tanto, durante muchos años el Seminario de Sonora formó muchos sacerdotes para la diócesis, así como también notables hombres de letras para la sociedad.

Un acontecimiento de gran importancia sucedió en 1865, pues siendo obispo de la diócesis D. Pedro Loza y Pardavé, se pidió a Roma la división de las diócesis de Sonora y Sinaloa formando con ello dos diócesis distintas, a fin de que cada uno de los dos respectivos obispos pudieran gobernar mejor unos pueblos distantes entre sí y tan necesitados de todo género de auxilios espirituales; no habiendo tenido entonces ningún efecto en dicha solicitud a causa de las conmociones del país y de algunas otras dificultades que no pudieron allanarse de pronto. Pero poco después el Papa León XIII movido por las mismas consideraciones, y accediendo a las súplicas que se le siguieron de parte del décimo obispo de Sonora D. José de Jesús María Uriarte, dispuso la división indicada mandando que el territorio de Sinaloa se separase y desmembrase el obispado de Sonora erigiendo una nueva diócesis el 3 de marzo de 1883, a la que dio por obispo propio al mismo que lo era de Sonora, quedando la diócesis antigua reducida a los límites que tiene en lo civil el estado de Sonora, con el nuevo obispo Sr. Fr. De Jesús María Rico y Santoyo quien hizo su arribo a estas tierras en febrero de 1884 acompañado de diez sacerdotes.

Esta anterior división hizo que el Seminario ubicado en Culiacán, pasara a pertenecer a la nueva diócesis, mientras que Sonora se quedaba, de nuevo, sin Seminario.

Segundo Seminario de Sonora (1888-1915)

Con la llegada a Hermosillo del nuevo obispado de Herculano López de la Mora, el día 17 de octubre de 1887, comienza un intenso ejercicio pastoral para nuestra región. Una de sus obras más importantes y que llevó a cabo con gran esfuerzo fue la fundación del Seminario Conciliar el 1 de diciembre de 1888, con trece alumnos, en la ciudad de Hermosillo, donde quedó establecido en un edificio, el cual el mismo obispo López de la Mora Inició su construcción en un predio de la calle Serdán equipado con una magnífica biblioteca y también con una imprenta donde editaba el “Hogar Católico” y el “Boletín Diocesano”.

Contaba también, entre otras cosas, con un buen gabinete de física, que en aquellos tiempos costó unos diez mil dólares. Para los gastos de construcción del Seminario y su posterior sostenimiento, el obispo involucró a todas las parroquias de la diócesis, pero también aportó gran parte de su propio peculio.

Así pues, esta gran obra dio cabida, por más de 25 años, a todos aquellos varones deseosos de instruirse en los conocimientos naturales. Según el testimonio del Padre Martín Portela, el Sr. Obispo regenteó, por falta de personal, las cátedras del primer curso desde gramática latina hasta teología. Sobre su papel como formador de sacerdotes nos dice el mismo padre que ellos son vivo testimonio del espíritu que infundó en sus almas y que fue para ellos su pastor, su padre y su guía desde los primeros pasos que dieron camino del Seminario.

En lo concerniente al estado del clero sonorense en el arribo de este obispo, se tiene que contaba con veintidós sacerdotes de los cuales solo quince se mantenían activos en el trabajo pastoral mientras que el resto se encontraba en reposo por motivos de salud.

Es también de importancia señalar que entre las razones que llevaron a D. Herculano a fundar un Seminario y a considerarlo un asunto prioritario en su trabajo pastoral se encuentran, entre otras, la siguiente: la impostergable necesidad de impulsar la formación de un clero local, apegado a su matria, soportador de los rigores climáticos y de las estrechas condiciones en que se desarrollaba la vida parroquial y sobre todo conocedor de la cultura de los habitantes de estos territorios.


Posteriormente D. Ignacio Valdespino y Díaz (1902-1913), intentó impulsar el crecimiento de las vocaciones sacerdotales ya que encontró solo a catorce candidatos desertando al poco tiempo muchos de ellos de tal manera que en 1903 siete alumnos inscritos en el Seminario presentaron exámenes de Teología Moral, Filosofía y Gramática Latina. Sin embargo, durante el mandato de D. Ignacio Valdespino fueron ordenados doce sacerdotes y solicitaron incardinación veintidós curas extranjeros (la mayoría de origen europeo), pero de nueva cuenta, la Iglesia Sonorense debía prepararse para afrontar otros problemas: el 20 de noviembre de 1915 las tropas de Manuel M. Diéguez confiscaron el edificio que ocupaba el Seminario, donde se perdió la imprenta, el gabinete de física, la mayor parte de la biblioteca y, por lo tanto, la diócesis se quedó sin ningún edificio que albergara tan importante institución.

Tercer seminario de Sonora:
El legado de Juan Navarrete y Guerrero (1921-1969)

Después de la clausura del seminario fundado por Don Herculano López de la Mora, vinieron los tiempos amargos en que se desterraron a los sacerdotes, lo cual aumentó la dolorosa situación de nuestra diócesis: sin obispo, sin sacerdotes, sin seminario.

Los sacerdotes fueron expulsados a principios de 1916 y les fue reiterada la expulsión en 1917. Algunos sacerdotes fueron ordenados en Tucson, Arizona. Todavía en 1921 había algunos sacerdotes sonorenses en el extranjero; fue en tales condiciones como recibió la diócesis al obispo joven D. Juan Navarrete y Guerrero, cuyo principal empeño iba a ser fundar un nuevo seminario para formar sacerdotes que le ayudaran en su misión, ya que su labor pastoral solo contaba con diecinueve de ellos, algunos ancianos y enfermos.

Don Juan Navarrete llegó a Sonora el 19 de julio de 1919, pero no fue sino hasta el día 12 de octubre de 1921, cuando pudo ver cumplido, con apenas dos alumnos, aquella mañana de octubre el señor obispo y sus discípulos, en la capilla del santísimo de la Catedral de Hermosillo, hicieron la consagración del tercer Seminario de Sonora. Las clases comenzaron en el Colegio Guadalupano edificio que se ubicaba junto a Catedral, donde el señor obispo impartía personalmente las clases y dirigía dicha institución.

En ese mismo año el Seminario debió trasladarse a Magdalena, Sonora, donde tuvo lugar la solemne inauguración el día 3 de diciembre de 1921, con unos quince alumnos. Cinco años mas tarde vino la persecución religiosa por el presidente Calles recibiendo, el obispo la orden de ir al destierro el 16 de septiembre de 1926 viéndose obligado a llevar al Seminario a Nogales, Arizona, donde ocuparon un viejo caserón desechado por el ejército norteamericano llamado por sus habitantes “la casa verde”, y allí, los seminaristas probaron por tres años el pan amargo del destierro. El 21 de junio de 1929 la jerarquía de la Iglesia firmó unos tratados con el presidente de la república Emilio López Gil, por los cuales, los obispos podían volver a México. De este modo, el Seminario pudo establecerse de nuevo en Magdalena, Sonora; sin embargo, cabe destacar que en el tiempo que va de 1921 a 1932, fueron ordenados sólo cinco sacerdotes.

Casi fueron tres años los que pasaron los seminaristas en Magdalena, luego de su vuelta de estados Unidos, más a principios de febrero de 1932 el Sr. Obispo recibió una nueva orden de destierro, ordenado por el entonces gobernador Rodolfo Elías Calles, y también se clausuró el Seminario. En esta ocasión los planes del obispo eran otros y en una reunión con los seminaristas les dijo: “no abandonaré la diócesis; los que deseen continuar la carrera del sacerdocio me tendrán que seguir a las montañas”; casi todos lo siguieron, y en estas condiciones el Seminario duró cinco años escondido en la sierra sonorense. Los primeros en partir a la sierra fueron los alumnos de teología, entre los cuales se encontraban Salvador Sandoval, Hermenegildo Rancel, Leobardo Martínez y Cruz Durazo. Una semana después llegaron los alumnos de Filosofía Jesús Noriega, José Garibay, Víctor Rodríguez, Florentino Olivas y Carlos de la Torre, por mencionar solo algunos de ellos.

El edificio del Seminario de Magdalena fue confiscado por orden del gobierno el 8 de septiembre de 1932y fue destinado para escuela secundaria del estado; hoy, sólo las ruinas dan testimonio de su pasado. Después de esto los seminaristas aprenderían a construir sus propios edificios en una vida seminómada; en una propiedad que se llamaba la “Huerta”, perteneciente a Julián Bustamante en el año de 1932; de 1932 a 1934 en otro rancho llamado Buena Vista; después en 1934, pasaron unos meses en los Cajones, para después dirigirse en octubre del mismo año al corazón de la Sierra Madre Occidental, donde construyeron otro Seminario al que denominaron los Ciriales, así llamado por los altos pinos que se levantaban frente al edificio. Fueron tiempos difíciles para el Seminario y su obispo; había que construir casas, hacer la comida, lavar la ropa, sembrar la tierra, cuidar las vacas, hacer leña, etcétera; pero, en especial, había que estudiar y vivir a escondidas. Fue en este lugar de los Ciriales donde los seminaristas encontraron un lugar más tranquilo para sus estudios.

Las cosas cambiaron el día 29 de octubre de 1935, cuando una partida de unos trescientos soldados llegó hasta aquel lugar, al cual saquearon e incendiaron; afortunadamente los seminaristas pudieron huir a tiempo. Debido a esto vivieron cerca de dos meses en cuevas, acompañados siempre por so obispo, quien a pesar de las circunstancias, muy raras veces dejaban de impartir clases. Durante el mes de diciembre de ese mismo año, pudieron salir de la sierra y establecerse en una casa de campo, cerca de Nacozari, llamado la Cuesta del Castillo. Más tarde, en 1936, construyeron otra casa en las costas del Golfo de California, al norte del Puerto de Guaymas, Sonora, en un lugar llamado Oasis, propiedad de Lolita Pacheco y para 1937, la situación cambió favorablemente, cuando cesó la persecución y el obispo pudo aparecer públicamente en su amada diócesis, teniendo como prioridad construir el Seminario cerca de Hermosillo; mientras que de la Santa Sede llegaba la orden de mandar a los seminaristas a estudiar a otro lugar más apropiado. Obedeciendo a este mandato, D. Juan Navarrete los envió a estudiar al Seminario de Montezuma, en Nuevo México.

El 11 de octubre del mismo año de 1937 abrió sus puertas el seminario en el lugar llamado La Parcela donde los mismos seminaristas para, no extrañar, construyeron la casa, trabajaron en la imprenta, en la encuadernación, la carpintería, la siembra, la ordeña, la avicultura, etcétera; sin olvidar nunca, por supuesto, sus estudios. El Seminario contaba además, con un laboratorio de química y un gabinete de física, pero también había recursos suficientes para los experimentos de las clases superiores y una biblioteca que día a día se fue enriqueciendo. La capilla de La Parcela fue remodelada para las bodas de plata del señor obispo. Para el año de 1944 el Seminario ya contaba con 43 seminaristas y el año de 1945 se construyó, en la sierra madre occidental (donde estuviera cuando el destierro) lo que conocemos como el Rincón de Guadalupe, lugar pensado como casa de retiro y vacaciones.

La Parcela, como lugar del Seminario, funcionó desde el 11 de octubre de 1937 hasta el 9 de junio de 1961, para después pasar al edificio que actualmente alberga nuestro Seminario; ocupación que se llevó a cabo el 15 de octubre del 1961. Los frutos del tercer Seminario de Sonora comenzaron a verse desde el 6 de junio de 1926, fecha en que fue ordenado el primer sacerdote, Ricardo Monge, así mismo de 1921 a 1944 fueron ordenados veinte sacerdotes.

El Seminario en Tiempos de D. Carlos Quintero Arce
(1969-1996)

En 1996 llegó a Hermosillo como obispo coadjuntor de la Arquidiócesis de Hermosillo D. Carlos Quintero Arce. Al momento de su llegada, una de sus prioridades fue conocer el Seminario de Hermosillo, donde pudo percatarse que, tanto el Seminario Mayor como el Menor (preparatoria) ocupaban el mismo edificio y, lo primero que buscó, entre los años 1969-1969, fue hacer un departamento en la parte posterior del edificio, para dedicarlo al Seminario Menor actualmente Usado como dormitorio, ubicado junto a la calle Quintero Arce, nombrado como encargado al entonces presbítero Teodoro E. Pino. Posteriormente, el Pbro. Pedro Moreno Álvarez se encargaría de ampliar el edificio, en lo que hoy ocupa la lavandería y un lugar contiguo usado como dormitorio.

En esos mismos años se presentó un proyecto para construir un nuevo Seminario, en los terrenos frente al edificio original, mientras que la parte ya construida pensaba dedicarse al Seminario Menor, con lo cual se buscaba tener más independencia en las distintas etapas de la formación sacerdotal. De ese proyecto quedó lo que se conoce como “El Elefante”, que habría de funcionar como casa de formadores, pero también como oficinas para ellos y para los miembros del patronato; mientras que el lugar que hoy se usa para reuniones sería dedicado a la recepción de visitas. Dentro del proyecto total, este edificio hubiera sido como la casa central.

El proyecto no se llevó a cabo por la difícil situación económica que se vino, pero también porque se redujo drásticamente el número de seminaristas, hasta llegar a doce; debido, en gran parte, a una crisis sacerdotal generalizada en estos años 70’s. Vale la pena tomar en cuenta las opiniones de los rectores de ese tiempo, como el Pbro. Moisés Villegas, quien estuvo como rector desde 1969 hasta 1972, quien comentaba: “el Seminario empezó a abrirse con innovaciones, como discusiones acerca de la personalidad de los alumnos. Se cuestionaban la obediencia, la disciplina, las normas, las reglas; toda imposición tenía que ser discutida por los alumnos, antes de ser aceptada, se empezó a dialogar las salidas. Era el momento de rompimiento de una obediencia ciega, de la disciplina como momento de carácter, de sujetarse de adhesión, como signo de vocación, de no salir; se empezó a abrir diálogo, a hacer planes, objetivos, se empezó a luchar con la inspiración del Concilio Vaticano II y comenzaron a escasear las vocaciones.

D. Carlos Quintero Arce comenzó a mandar a formadores y profesores a prepararse en Roma, en las disciplinas filosóficas y teológicas y el mismo Sr. Quintero impartió lecciones a los alumnos de filosofía y teología. En estos tiempos, se organizó un patronato para el sostenimiento del Seminario y se buscó la aportación de las parroquias. También comenzaron los seminaristas a salir los fines de semana a algunas parroquias o lugares de pastoral, que sostenían los propios formadores, para ejercitarse precisamente en esta área de formación del pastor, igualmente se decidió que el mes de julio, al final del año escolar, fueran de misión a las parroquias fuera de Hermosillo.

El Seminario Menor Santa María de Guadalupe (1976-1992)

En 1973, D. Carlos Quintero hizo una visita Ad Limina a la ciudad de Roma, donde expuso las razones que tuvo para clausurar el Seminario Menor, debido a los altos costos que originaba, y la respuesta de la Santa Sede fue que tenía que abrirlo de nuevo. Una vez que hubo regresado de la ciudad eterna, el obispo buscó un lugar adecuado para el Seminario, el cual le fue proporcionado por Belisiario Moreno en los terrenos que actualmente ocupa el Curso Introductoria. El primer director del mismo fue el Pbro. Julio César Castillo quien en ese entonces acababa de finalizar sus estudios teológicos en la ciudad de Guadalajara; su inauguración se llevó a cabo el día 22 de agosto de 1976, con unos cuantos alumnos y se pidió la ayuda del Seminario de Guadalajara para que enviara Diáconos que habrían de ayudar en la formación de los jóvenes, como director espiritual o prefecto de disciplina.

En cuanto a la cuestión académica, el Seminario Menor fue adscrito al Colegio Regis, a donde acudían los jóvenes a tomar clases por las mañanas mientras que por las tardes recibían educación religiosa. El Seminario Menor después de varios años de estar presentando sus servicios, y debido a muy diversas razones, tuvo que cerrar sus puertas en junio de 1992 para dar cabida, en ese mismo lugar, al Curso Introductorio.

Curso Introductorio Santa María de Guadalupe (1992)

A partir de agosto de 1992 inició sus actividades el Curso Introductorio del Seminario de Hermosillo, como una respuesta a las exigencias de la formación sacerdotal, con la finalidad de ofrecer conocimientos básicos de la vida del Seminario, así como una nivelación académica.

Son ya casi trece años los que tiene funcionando esta institución, tiempo que ha ayudado a clarificar el objetivo de este Curso Introductoria e iniciar un proceso de formación integral centrado en el misterio de Cristo y de la Iglesia.

Arzobispo José Ulises Macías Salcedo

Estando el Pbro. Jorge Cota como rector del Seminario Mayor y el Pbro. Martín Moreno como encargado del Curso Introductoria, termina D. Carlos Quintero Arce sus funciones en nuestra Arquidiócesis dando paso al nuevo Arz. José Ulises Macías Salcedo el día 29 de octubre de 1996. En esta última etapa la historia se está escribiendo; y corresponde a las nuevas generaciones dar una respuesta adecuada a las exigencias de nuestro tiempo en una formación corresponsable en un diálogo franco y verdadero.

 

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