El Seminario Conciliar de Hermosillo (1888-1915)

Con la llegada a Hermosillo del nuevo obispado de Herculano López de la Mora, el día 17 de octubre de 1887, comienza un intenso ejercicio pastoral para nuestra región. Una de sus obras más importantes y que llevó a cabo con gran esfuerzo fue la fundación del Seminario Conciliar el 1 de diciembre de 1888, con trece alumnos, en la ciudad de Hermosillo, donde quedó establecido en un edificio, el cual el mismo obispo López de la Mora Inició su construcción en un predio de la calle Serdán equipado con una magnífica biblioteca y también con una imprenta donde editaba el “Hogar Católico” y el “Boletín Diocesano”.

Contaba también, entre otras cosas, con un buen gabinete de física, que en aquellos tiempos costó unos diez mil dólares. Para los gastos de construcción del Seminario y su posterior sostenimiento, el obispo involucró a todas las parroquias de la diócesis, pero también aportó gran parte de su propio peculio.

Así pues, esta gran obra dio cabida, por más de 25 años, a todos aquellos varones deseosos de instruirse en los conocimientos naturales. Según el testimonio del Padre Martín Portela, el Sr. Obispo regenteó, por falta de personal, las cátedras del primer curso desde gramática latina hasta teología. Sobre su papel como formador de sacerdotes nos dice el mismo padre que ellos son vivo testimonio del espíritu que infundo en sus almas y que fue para ellos su pastor, su padre y su guía desde los primeros pasos que dieron camino del Seminario.

En lo concerniente al estado del clero sonorense en el arribo de este obispo, se tiene que contaba con veintidós sacerdotes de los cuales solo quince se mantenían activos en el trabajo pastoral mientras que el resto se encontraba en reposo por motivos de salud.

Es también de importancia señalar que entre las razones que llevaron a Don Herculano a fundar un Seminario y a considerarlo un asunto prioritario en su trabajo pastoral se encuentran, entre otras, la siguiente: la impostergable necesidad de impulsar la formación de un clero local, apegado a su patria, soportador de los rigores climáticos y de las estrechas condiciones en que se desarrollaba la vida parroquial y sobre todo conocedor de la cultura de los habitantes de estos territorios.

Posteriormente Don Ignacio Valdespino y Díaz (1902-1913), intentó impulsar el crecimiento de las vocaciones sacerdotales ya que encontró solo a catorce candidatos desertando al poco tiempo muchos de ellos de tal manera que en 1903 siete alumnos inscritos en el Seminario presentaron exámenes de Teología Moral, Filosofía y Gramática Latina. Sin embargo, durante el mandato de D. Ignacio Valdespino fueron ordenados doce sacerdotes y solicitaron incardinación veintidós curas extranjeros (la mayoría de origen europeo), pero de nueva cuenta, la Iglesia Sonorense debía prepararse para afrontar otros problemas: el 20 de noviembre de 1915 las tropas de Manuel M. Diéguez confiscaron el edificio que ocupaba el Seminario, donde se perdió la imprenta, el gabinete de física, la mayor parte de la biblioteca y, por lo tanto, la diócesis se quedó sin ningún edificio que albergara tan importante institución.