El legado de Juan Navarrete y Guerrero (1921-1969)

Después de la clausura del Seminario fundado por Don Herculano López de la Mora, vinieron los tiempos amargos en que se desterraron a los sacerdotes, lo cual aumentó la dolorosa situación de nuestra diócesis: sin obispo, sin sacerdotes, sin seminario.

Los sacerdotes fueron expulsados a principios de 1916 y les fue reiterada la expulsión en 1917. Algunos sacerdotes fueron ordenados en Tucson, Arizona. Todavía en 1921 había algunos sacerdotes sonorenses en el extranjero; fue en tales condiciones como recibió la diócesis el joven obispo Don Juan Navarrete y Guerrero, cuyo principal empeño iba a ser fundar un nuevo Seminario para formar sacerdotes que le ayudaran en su misión, ya que su labor pastoral solo contaba con diecinueve de ellos, algunos ancianos y enfermos.

Don Juan Navarrete llegó a Sonora el 19 de julio de 1919, pero no fue sino hasta el día 12 de octubre de 1921, cuando pudo ver cumplido, con apenas dos alumnos, aquella mañana de octubre el señor obispo y sus discípulos, en la capilla del santísimo de la Catedral de Hermosillo, hicieron la consagración del tercer Seminario de Sonora. Las clases comenzaron en el Colegio Guadalupano edificio que se ubicaba junto a Catedral, donde el señor obispo impartía personalmente las clases y dirigía dicha institución.

En ese mismo año el Seminario debió trasladarse a Magdalena, Sonora, donde tuvo lugar la solemne inauguración el día 3 de diciembre de 1921, con unos quince alumnos. Cinco años más tarde vino la persecución religiosa por el presidente Calles recibiendo, el obispo la orden de ir al destierro el 16 de septiembre de 1926 viéndose obligado a llevar al Seminario a Nogales, Arizona, donde ocuparon un viejo caserón desechado por el ejército norteamericano llamado por sus habitantes “la casa verde”, y allí, los seminaristas probaron por tres años el pan amargo del destierro. El 21 de junio de 1929 la jerarquía de la Iglesia firmó unos tratados con el presidente de la república Emilio López Gil, por los cuales, los obispos podían volver a México. De este modo, el Seminario pudo establecerse de nuevo en Magdalena, Sonora; sin embargo, cabe destacar que en el tiempo que va de 1921 a 1932, fueron ordenados sólo cinco sacerdotes.

Casi fueron tres años los que pasaron los seminaristas en Magdalena, luego de su vuelta de estados Unidos, más a principios de febrero de 1932 el Sr. Obispo recibió una nueva orden de destierro, ordenado por el entonces gobernador Rodolfo Elías Calles, y también se clausuró el Seminario. En esta ocasión los planes del obispo eran otros y en una reunión con los seminaristas les dijo: “no abandonaré la diócesis; los que deseen continuar la carrera del sacerdocio me tendrán que seguir a las montañas”; casi todos lo siguieron, y en estas condiciones el Seminario duró cinco años escondido en la sierra sonorense. Los primeros en partir a la sierra fueron los alumnos de teología, entre los cuales se encontraban Salvador Sandoval, Hermenegildo Rangel, Leobardo Martínez y Cruz Durazo. Una semana después llegaron los alumnos de Filosofía Jesús Noriega, José Garibay, Víctor Rodríguez, Florentino Olivas y Carlos de la Torre, por mencionar solo algunos de ellos.

El edificio del Seminario de Magdalena fue confiscado por orden del gobierno el 8 de septiembre de 1932y fue destinado para escuela secundaria del estado; hoy, sólo las ruinas dan testimonio de su pasado. Después de esto los seminaristas aprenderían a construir sus propios edificios en una vida seminómada; en una propiedad que se llamaba la “Huerta”, perteneciente a Julián Bustamante en el año de 1932; de 1932 a 1934 en otro rancho llamado Buena Vista; después en 1934, pasaron unos meses en los Cajones, para después dirigirse en octubre del mismo año al corazón de la Sierra Madre Occidental, donde construyeron otro Seminario al que denominaron Los Ciriales, así llamado por los altos pinos que se levantaban frente al edificio. Fueron tiempos difíciles para el Seminario y su obispo; había que construir casas, hacer la comida, lavar la ropa, sembrar la tierra, cuidar las vacas, hacer leña, etcétera; pero, en especial, había que estudiar y vivir a escondidas. Fue en este lugar de los Ciriales donde los seminaristas encontraron un lugar más tranquilo para sus estudios.

Las cosas cambiaron el día 29 de octubre de 1935, cuando una partida de unos trescientos soldados llegó hasta aquel lugar, al cual saquearon e incendiaron; afortunadamente los seminaristas pudieron huir a tiempo. Debido a esto vivieron cerca de dos meses en cuevas, acompañados siempre por so obispo, quien a pesar de las circunstancias, muy raras veces dejaban de impartir clases. Durante el mes de diciembre de ese mismo año, pudieron salir de la sierra y establecerse en una casa de campo, cerca de Nacozari, llamado La Cuesta del Castillo. Más tarde, en 1936, construyeron otra casa en las costas del Golfo de California, al norte del Puerto de Guaymas, Sonora, en un lugar llamado Oasis, propiedad de Lolita Pacheco y para 1937, la situación cambió favorablemente, cuando cesó la persecución y el obispo pudo aparecer públicamente en su amada diócesis, teniendo como prioridad construir el Seminario cerca de Hermosillo; mientras que de la Santa Sede llegaba la orden de mandar a los seminaristas a estudiar a otro lugar más apropiado. Obedeciendo a este mandato, Don Juan Navarrete los envió a estudiar al Seminario de Montezuma, en Nuevo México.

El 11 de octubre del mismo año de 1937 abrió sus puertas el seminario en el lugar llamado La Parcela donde los mismos seminaristas para, no extrañar, construyeron la casa, trabajaron en la imprenta, en la encuadernación, la carpintería, la siembra, la ordeña, la avicultura, etcétera; sin olvidar nunca, por supuesto, sus estudios. El Seminario contaba además, con un laboratorio de química y un gabinete de física, pero también había recursos suficientes para los experimentos de las clases superiores y una biblioteca que día a día se fue enriqueciendo. La capilla de La Parcela fue remodelada para las bodas de plata del señor obispo. Para el año de 1944 el Seminario ya contaba con 43 seminaristas y el año de 1945 se construyó, en la Sierra Madre Occidental (donde estuviera cuando el destierro) lo que conocemos como El Rincón de Guadalupe, lugar pensado como casa de retiro y vacaciones.

La Parcela, como lugar del Seminario, funcionó desde el 11 de octubre de 1937 hasta el 9 de junio de 1961, para después pasar al edificio que actualmente alberga nuestro Seminario; ocupación que se llevó a cabo el 15 de octubre del 1961. Los frutos del tercer Seminario de Sonora comenzaron a verse desde el 6 de junio de 1926, fecha en que fue ordenado el primer sacerdote, Ricardo Monge, así mismo de 1921 a 1944 fueron ordenados veinte sacerdotes.